Duque tendrá su fiscal de bolsillo igual que Nicolas Maduro en Venezuela.

¿Hacia un fiscal de bolsillo?

Se sabe que la terna de candidatos a fiscal, que el presidente le enviaría a la Corte Suprema de Justicia para que de ella escoja al sucesor de Néstor Humberto Martínez, estaría conformada por tres personas muy cercanas a él: Clara María González, secretaria jurídica de la Presidencia; Miguel Ceballos, comisionado de Paz, y Francisco Barbosa, consejero para los Derechos Humanos. Es decir que el fiscal sería, en la práctica, un subalterno del presidente Duque; un fiscal de bolsillo cuyas actuaciones, de antemano, tendrían una sombra de duda. Podría resultar algo parecido a lo que ocurre en Venezuela, donde la Fiscalía obra de acuerdo con los deseos del presidente. Y no habría nada más perjudicial que eso para este país azotado por esa polarización que lo tiene estancado y no lo deja ocuparse de temas que le permitan progresar.

Para evitar que ese disparate se repita (si no se logra que Duque se olvide de cometer esa burrada, como le dijo él a Maduro), hay que darle la bienvenida al proyecto de ley presentado por la senadora Angélica Lozano, el cual establece que la Corte elija al fiscal general de una terna conformada a partir “de un proceso de selección público de mérito (…), garantizando (…) publicidad, transparencia, participación ciudadana y equidad de género. La terna deberá estar conformada por candidatos que se hayan ubicado en los diez primeros puestos de calificación y no podrán incluirse nombres por fuera de estos”.

Si la senadora Lozano saca adelante su proyecto, la transparencia de nuestro sistema de justicia daría un salto adelante. ¡Ojalá lo logre!

Y una pregunta: al ver la descalificación que el exalcalde Gustavo Petro le hizo a la candidata Claudia López por no casarse con su proyecto de metro subterráneo y decir que si el alcalde Peñalosa deja firmado el contrato del metro elevado ella lo respetaría, y al recordar cómo también Peñalosa desestimó los estudios del metro subterráneo que dejó hechos Petro, los cuales, según dicen, eran serios, ¿no sería una buena idea hacer una reforma para que Bogotá tuviera una junta de planificación urbana, con similar independencia del alcalde a la que tiene del presidente la Junta del Banco de la República, que tuviera la función de garantizar un desarrollo coherente de la ciudad, no sujeto a los caprichos, simpatías, antipatías o intereses del alcalde de turno?

El presidente Carlos Lleras decía que a ningún presidente le gusta su antecesor ni su sucesor. Lo mismo ocurre con los alcaldes. Y esta ciudad no resiste más que el alcalde que llega, movido por el prurito de contradecir a su antecesor, haga lo posible por desbaratar o no continuar la obra del alcalde anterior. No puede ser que desde comienzos de los años 40, cuando Carlos Sanz de Santamaría fue alcalde de Bogotá, se estén haciendo estudios para construir un metro y, después de más de 75 años, sigamos en las mismas, pero cada vez más atascados y con menos posibilidades de transportarnos de una manera humana y rápida.

La Junta del Banco de la República tiene siete miembros y el presidente, en su período, solo puede escoger a dos de ellos. De manera que actúa con bastante independencia del Gobierno y así ha conseguido, por ejemplo, mantener a raya la inflación, que es uno de sus principales objetivos.

¿No podrá Bogotá inventarse una institución similar, cuya función sea conseguir que en esta ciudad sea grato vivir, que nos podamos mover con facilidad y respirar un aire que no nos mate?

Publicado en EL ESPECTADOR por: #Patricialarasalive @patricialarasa

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